El miércoles hice una visita sobre la herencia cultural con un guía llamado Francisco, muy simpático y amable. Empezamos por la estatua de la Virgen de El Panecillo, un lugar que quería ver desde mi llegada a Ecuador. Inspirada en el escultor Bernardo de Legarda y terminada en los años 1980, ofrece vistas increíbles del norte y del sur de Quito. En ese momento sentí que solo había visto una pequeña parte de la ciudad, lo que me dio un poco de tristeza porque ya voy a regresar en mi casa. Yo sé que guardaré recuerdos muy bonitos. El interior de la estatua también me llamô la atención, ya que muestra detalles de su construcción con placas numeradas y representa distintas regiones del país a través de iglesias.

Luego visité el museo de la moneda, donde aprendí sobre la evolución económica del país. De la época colonial hasta la moneda nacional, el sucre.

La moneda de la época prehispánica

La primera fue la Iglesia de San Francisco, un símbolo religioso clave. Cuando entré, había una ceremonia, lo que hizo la experiencia más especial. La segunda fue la Iglesia de la Compañía de Jesús, famosa por su interior de oro. Me sorprendió que Jesús no esté representado en el exterior de la iglesia, sino la Madre Dolorosa, que representa el sufrimiento con su corazón atravesado por espadas. Terminé el día con la degustación de un vino tinto afrutado de Chile, llamado Casillero del Diablo.





El domingo, con mi grupo de calistenia, subimos la montaña Ungui en unas dos horas y disfruté de una vista increíble de Quito. Mi grupo de amigos realmente me va a hacer falta.

La próxima semana subiré el Cotopaxi, un gran volcán nevado. También organizaré una pequeña despedida para los alumnos con una sorpresa. ¡Nos vemos la próxima semana para un nuevo blog!

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